Juan, el irreverente narrador, se ríe de los componentes del libro (el índice, que se cae, la dedicatoria invertida, personajes que se rebelan...) y de cómo contar un cuento.
Antiguamente la gente solía explicar cuentos llenos de magia y maravilla. A esos cuentos se les llamó “cuentos maravillosos”. Pero en este libro no hay cuentos de ésos. Los cuentos de este libro son casi maravillosos; les falta una pizca. En realidad, los cuentos de este libro son “cuentos maravillosamente estúpidos”.
Mira, mejor será que vayas a leerlos ya, porque lo que queda de introducción es una pesadez y en realidad no dice nada interesante. Simplemente la alargo hasta el final para llenar la página y hacer ver que sé de qué estoy hablando. Detente. En serio. Deja ya de leer. Pasa la página. Si lees esta última frase, que sepas que no dice nada más.
